Qué entendemos por cojera en el perro
La cojera es una alteración del patrón normal de la marcha. El perro modifica la forma de apoyar una o varias extremidades para evitar dolor, compensar una limitación mecánica o proteger una zona lesionada. Puede ser muy evidente (no apoya la pata) o sutil (un ligero cabeceo al trotar).
Desde un punto de vista clínico, no es una enfermedad en sí misma, sino un signo. Detrás puede haber problemas articulares, musculares, óseos, neurológicos o incluso de las almohadillas y uñas. Por eso, observar cómo se manifiesta ayuda al veterinario a orientar el diagnóstico.
Conviene fijarse en si la cojera aparece en frío (al levantarse) y mejora con el movimiento, o si empeora tras el ejercicio. También si afecta a una pata concreta, a varias, o si va cambiando. Esa información, anotada en casa, suele ser muy útil en consulta.
Puntos clave
- La cojera es un signo clínico, no un diagnóstico.
- Puede ser aguda (de aparición súbita) o crónica.
- Observar el patrón en casa facilita el diagnóstico veterinario.
Causas posibles más frecuentes
Las causas de cojera en el perro son numerosas y conviene no precipitarse con conclusiones. Entre las más habituales en la práctica clínica veterinaria se encuentran las lesiones traumáticas (esguinces, contusiones, fracturas), los problemas en las almohadillas (cortes, espigas, quemaduras por asfalto caliente) y las uñas rotas o demasiado largas.
En perros adultos y mayores, la artrosis es una causa muy común de cojera intermitente, sobre todo tras el descanso. La displasia de cadera y de codo, así como la rotura del ligamento cruzado craneal, son patologías ortopédicas frecuentes descritas ampliamente por asociaciones como AVEPA y WSAVA.
En cachorros, hay que considerar problemas del desarrollo como la panosteítis o la osteocondrosis. También existen causas no ortopédicas: infecciones (por ejemplo, enfermedades transmitidas por garrapatas), problemas neurológicos o, con menor frecuencia, procesos tumorales óseos. Identificar la causa requiere exploración física y, habitualmente, pruebas complementarias.
Puntos clave
- Traumatismos, espigas y uñas rotas son causas frecuentes y a menudo visibles.
- Artrosis, displasia y rotura de ligamento cruzado son habituales en perros adultos.
- En cachorros pueden aparecer trastornos del desarrollo óseo.
Qué observar en casa antes de la consulta
Antes de acudir al veterinario, una observación tranquila aporta mucha información. Fíjate en qué pata cojea, si la apoya o la mantiene en alto, y si la cojera aparece en reposo, al iniciar la marcha o tras el ejercicio. Anota también si se acompaña de lamido insistente, inflamación, calor local o cambios de conducta como decaimiento o pérdida de apetito.
Revisa con suavidad la pata afectada: almohadillas, espacios interdigitales, uñas y zona entre los dedos. Las espigas, frecuentes en primavera y verano, pueden pasar desapercibidas. Si tu perro se queja al tocar una zona concreta, no insistas: el dolor puede provocar reacciones defensivas, incluso en perros muy mansos.
No administres analgésicos humanos como ibuprofeno o paracetamol. Son tóxicos para el perro y pueden provocar lesiones graves, como recuerdan organismos como la AVMA. Si la cojera es leve, puedes ofrecer reposo relativo (paseos cortos con correa) y observar la evolución durante 24-48 horas.
Puntos clave
- Anota qué pata cojea, cuándo y en qué circunstancias.
- Revisa con cuidado almohadillas, uñas y espacios interdigitales.
- Nunca uses analgésicos humanos: muchos son tóxicos para el perro.
Cuándo acudir al veterinario sin demora
Hay situaciones en las que conviene no esperar. Acude a tu clínica veterinaria de forma prioritaria si tu perro no apoya la pata en absoluto, si hay deformidad evidente, herida abierta, sangrado, inflamación marcada o si la cojera aparece tras una caída o atropello. También si va acompañada de fiebre, decaimiento intenso, vómitos o dificultad para respirar.
En cachorros, perros geriátricos o animales con patologías previas conviene ser más cautos y consultar antes. Una cojera que dura más de 24-48 horas, que empeora o que es recurrente también merece valoración profesional, aunque al principio parezca leve.
El veterinario realizará una exploración ortopédica y neurológica, y puede recomendar radiografías, analítica u otras pruebas según el caso. Consulta con tu veterinario colegiado para diagnóstico definitivo: solo una valoración presencial permite descartar causas graves y plantear un tratamiento adecuado.
Puntos clave
- No esperes si no apoya la pata, hay herida o ha sufrido un traumatismo.
- Cojeras de más de 24-48 horas o recurrentes deben valorarse en consulta.
- Cachorros y perros mayores requieren especial cuidado.
Cómo se aborda el diagnóstico y el tratamiento
El abordaje veterinario suele empezar por una anamnesis detallada (cómo empezó la cojera, evolución, antecedentes) y una exploración física completa, incluyendo palpación y manipulación articular. En muchos casos se completa con pruebas de imagen, principalmente radiografías, y en función de la sospecha clínica con ecografía, TAC o resonancia magnética.
El tratamiento depende por completo de la causa. Una herida en la almohadilla puede resolverse con curas locales y reposo; una artrosis requerirá un plan a largo plazo que puede incluir control del peso, ejercicio adaptado, fisioterapia y, si el veterinario lo considera, antiinflamatorios u otros fármacos específicos para perros.
Patologías como la rotura del ligamento cruzado craneal o ciertas displasias pueden requerir cirugía, según criterios descritos en la literatura veterinaria y por sociedades como AVEPA o WSAVA. Las decisiones se toman caso a caso, valorando edad, peso, actividad y estado general del animal.
Puntos clave
- La exploración clínica orienta y las pruebas de imagen confirman.
- El tratamiento depende de la causa: desde curas locales hasta cirugía.
- Las decisiones se individualizan según el perro y su contexto.
Prevención y cuidados a largo plazo
Aunque no todas las cojeras se pueden prevenir, sí existen hábitos que reducen el riesgo. Mantener al perro en un peso adecuado es uno de los factores más importantes: el sobrepeso aumenta la carga articular y favorece la aparición y progresión de la artrosis, algo recogido de forma consistente en la literatura veterinaria.
El ejercicio debe ser regular, adaptado a la edad, raza y condición física. Los cambios bruscos de actividad (sedentarismo entre semana y excursiones largas el fin de semana) favorecen lesiones musculoesqueléticas. En cachorros de razas grandes, conviene evitar saltos repetidos y superficies resbaladizas durante el crecimiento.
Revisar las patas tras los paseos, mantener las uñas a una longitud correcta y acudir a revisiones veterinarias periódicas, especialmente a partir de los 7 años, ayuda a detectar problemas de forma temprana. Ante cualquier duda, tu veterinario habitual es la mejor referencia para diseñar un plan de cuidados ajustado a tu perro.
Puntos clave
- Mantén un peso adecuado y un ejercicio regular y proporcionado.
- Revisa patas y almohadillas tras los paseos, sobre todo en época de espigas.
- Programa revisiones veterinarias periódicas, especialmente en perros mayores.